Cuantificación de la Carga

AUTOR

Dr. Jonathan Esteve Lanao

Cuando entrenamos siempre estamos cuantificando. Por ejemplo, a menudo contamos los kilómetros minuciosamente, repasamos las cuentas de memoria, convenimos maneras de relativizarlos un poco (es que eran “cuesta arriba”, o “hacia viento”, etc…). Otro ejemplo son los ritmos (“mi promedio fue de x:xx por kilómetro”) e incluso relativizamos también (“le descuento el calentamiento que salió muy lento…”). Pero pocas veces consideramos el efecto global de la “dosis”. Es decir, quizá sea mejor conjugar “tiempo o kilómetros” por “ritmo o zona”, y así tener un valor ponderado y completo. ¿Y qué decir de las pausas…? ¿Acaso no son “más buenos” esos 10×400 con una pausa de 30 segundos en vez de recuperar 1 minuto o a veces más porque me despisté hablando con alguien?

Aquí es donde entra en juego el concepto de Cuantificar el Entrenamiento. Pero cuantificarlo “bien”… Al menos deberíamos considerar el TIEMPO y la INTENSIDAD. Cuando decimos “tiempo” en vez de “distancia” es por números motivos. El principal es que precisamente todos esos “peros” de si “había cuestas”, “hacía viento”, “resbalaba la tierra”… así como el hecho de que quienes corren más lento se tardan más tiempo en recorrer una distancia… nos permiten igualar mejor las cosas con “tiempo”. Hay más razones, pero no viene al caso extenderse. Usen “tiempo”. Aunque “los buenos” no solo entrenan más kilómetros sino también más tiempo. Realmente para 1 sola persona nos da lo mismo una variable que otra. Pero en general, es más fácil “tiempo”.

Respecto a la intensidad, usen “Zonas”. No le den tanta importancia al “ritmo”, hasta que llegue la competición. También hay muchas razones, pero básicamente cuando dos amigos estamos corriendo a 5:00/km, puede que uno esté en zona 3 y otro en zona 1. Claro, uno habla y el otro casi no dice nada… y aunque ambos hablen (pongamos uno va en zona 1 y el otro en 2), el efecto fisiológico es distinto. Si obviamos esto, entonces no tenemos mucha idea de quién entrenó más. Pensaríamos que hicimos lo mismo… pero si por ejemplo, ambos amigos entrenan siempre juntos, a la larga el que va siempre en una zona superior no va a aguantar el mismo entrenamiento que el otro. El efecto “total” de la carga sería diferente. De hecho el que tiene menos condición estaría temporalmente “entrenando más” que el otro… hasta no poder soportarlo y empezar a faltar al entrenamiento, o bajar su nivel, o enfermarse, o lesionarse…

Les cuento una experiencia muy curiosa al respecto, con una de las chicas que entreno: tuvo una temporada muy mala donde cada vez rendía peor. El caso es que hacía unos meses que no re-evaluábamos sus zonas. Era un hecho que estaba peor, y quizá por ello no veíamos urgencia. Sin embargo, cuando aquello ya fue alarmante, decidimos evaluar de nuevo, con el objetivo de ubicar bien las zonas. En pocos meses, trabajando “en las zonas reales”, que eran todavía más despacio que como las habíamos entrenado antes, la corredora empezó a mejorar poco a poco su nivel, igualando y superando referencias previas. En un año estaba mejor que nunca. Moraleja: la precisión es importante. Más que “el machaque”.

Observen el gráfico adjunto. Representa la evolución de tres variables que pueden calcularse si somos precisos al cuantificar el entrenamiento. Se usó “tiempo por zona” a lo largo de toda una preparación de maratón. Con un determinado método de cuantificación (de los que explicaremos en el curso, los Equivalentes de Carga Objetiva), fuimos monitoreando su Estado de Forma (en verde), su Fatiga (en rojo) y su Recuperación (en azul). El resultado, apenas anteayer en el maratón de Sevilla, fue una mejor marca personal de alguien que llevaba dos años sin hacerlo. Nos habíamos equivocado en varias cosas. Una de ellas fue no cuantificar con precisión. Y los números nos ayudaron a calcular cómo llegar “el día D, a la hora H” en el mejor nivel.

En el curso hablaremos de cómo hacer todo esto. El “por qué” esperemos que ya lo estén entendiendo.

 

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