Prevención de lesiones en triatlón: segunda parte

En una reciente entrada en nuestro blog (ver aquí) Héctor Bautista y un servidor hablábamos de la elevada incidencia de lesiones del triatleta que, en muchas ocasiones, se debe a un exceso (e.g. capacidad oxidativa, largos rodajes…) o una falta (e.g. fuerza compensatoria) de entrenamiento de algunos aspectos.

Es fundamental que el entrenador/deportista sepa detectar los factores clave que conducen a la lesión deportiva y que, en definitiva, llevan al deportista a dejar de entrenar al 100% o a dejar de disfrutar de su práctica favorita.

En este sentido, les presentamos a continuación una revisión de la literatura sobre los factores que justamente conducen al triatleta a la lesión deportiva.

Centrándonos en aquellos factores de carácter general, dado que en se ha estimado que el 75% (triatletas de élite) y el 25% (triatletas no profesionales) de las lesiones se deben al sobreuso (Vleck y Garbutt, 1998; Zwingenberger et al., 2013), la realización de un cuestionario en el que se registren la intensidad, el volumen y la frecuencia de entrenamiento puede mostrar defectos en la preparación del atleta que lleven a futuras lesiones. Zwingenberger et al. (2013) afirman que existe una fuerte tendencia entre la aparición de lesiones y las horas de entrenamiento, de forma que aquellos deportistas con más de 10 horas semanales a la semana tenían un mayor número de lesiones. Shaw, Howat, Trainor, y Maycock (2004) hacen una reflexión parecida refiriéndose a triatletas no profesionales, sugiriendo que cuando se entrena un total de 8-10 horas semanales existe un mayor riesgo de sufrir algún tipo de lesión. Además, Zwingenberger et al. (2013) señalaron que en triatletas no profesionales el 71% de las lesiones se debían a traumas (presumiblemente por caídas), por lo que se incluiría también un apartado sobre caídas en diversos periodos de entrenamiento o competición, con la idea clara de poder detectar déficits de habilidad y solventarlos.

Por otra parte, Zwingenberger et al. (2013) señalan que el mayor factor de riesgo asociado a lesiones deportivas en triatletas no profesionales es la participación en competiciones organizadas. La razón podría encontrarse en una elevada activación del sistema nervioso simpático que podría llevar a los deportistas a ignorar las señales de alerta ante el dolor. Sin embargo, en el módulo de la asignatura se hace referencia a que un 80% de las lesiones deportivas se producen por culpa del proceso de entrenamiento. Es decir, la metodología, el modelo de periodización, la programación del entrenamiento, la forma de cuantificación y el control de la carga de entrenamiento llevado a cabo por el entrenador juegan un papel fundamental en la incidencia de lesiones deportivas.

El apoyo médico o la asistencia conjunta de diversos profesionales de la salud durante el proceso de entrenamiento y competición puede reducir la incidencia de lesiones, por ello es importante registrar el uso que el deportista hace de estos profesionales. Por ejemplo, el análisis y control del podólogo podría detectar y prevenir lesiones en el pie, que suponen el 10-15% de la lesiones registradas en triatletas (e.g. pie cavo: aumento de la rigidez del pie y una menor distribución de fuerzas durante la pisada) (Spiker, Dixit, y Cosgarea, 2012).

Otro factor destacado por diversos autores es el historial de lesiones (Burns et al., 2003), siendo probable que un triatleta recaiga de una lesión anterior si no se hace un trabajo preventivo. Además, se ha señalado por diversos autores (Burns et al., 2003; Korkia, Tunstall-Pedoe, y Maffulli, 1994) que la experiencia previa o años de práctica puede estar relacionada con un mayor número de lesiones debido un aumento del volumen y/o la intensidad del entrenamiento cada año en busca de un mejor rendimiento.

En cuanto a los factores asociados al segmento de natación, según Zwingenberger et al. (2013) o Bales y Bales (2012a, 2012b) la natación es el segmento menos propenso a producir lesiones (7%) en comparación con el ciclismo (43%) y la carrera a pie (50%). Sin embargo, el movimiento repetitivo puede producir cierto tipo de lesiones musculo-esqueléticas (e.g. el dolor de hombros ha sido señalada como la afección más común y bien documentada en nadadores competitivos (Bales y Bales, 2012a)). Concretamente, el movimiento repetido de adducción y rotación interna del hombro durante el impulso, y la abducción y la rotación externa del hombro durante la fase de recobro de natación, puede afectar al manguito rotador (tendón supra-espinoso en su inserción en la cabeza del húmero)(McHardy et al., 2006), produciendo tendinitis (Tuite, 2010) si el deportista tiene una técnica defectuosa de nado (McHardy et al., 2006). El estrés sobre la articulación gleno-humeral se minimiza cuando se realiza el rolido alcanzando aproximadamente 160 grados de inclinación y puede analizarse mediante la grabación en vídeo (McHardy et al., 2006).

Centrándonos en el segmento ciclista, las lesiones más comunes son la tendinosis patelar, el síndrome de la cintilla ilio-tibial y el síndrome patelo-femoral, la afección del tendón de Aquiles y los dolores en la región lumbar o cervical de la columna vertebral (Tuite, 2010). Los problemas de dolor lumbar suelen estar condicionados por el set up de la bicicleta, una mala flexibilidad lumbar y de cadera, el acortamiento de los isquiotibiales o la poca flexibilidad de los músculos de cuello y tórax (McHardy et al., 2006). Por otro lado, específicamente, el set up de la altura del sillín condicionará de la siguiente forma la aparición de lesiones (McHardy et al., 2006): ante un sillín demasiado bajo, se produce una menor participación glúteo medio durante la fase principal del pedaleo y un menor rango de movimiento de la cadera limitando la flexión de la rodilla y acarreando problemas patelo-femorales); mientras que un sillín demasiado alto, produce balanceo e inestabilidad y lleva a completa extensión o hiperextensión de la rodilla.

Por su parte, la posición de la cala en la zapatilla afecta al movimiento del pie, pudiendo crear un estrés excesivo en el tendón de Aquiles durante fases de pedaleo de pie, sobre la rodilla, etc. Además, la distancia entre el sillín y el manillar, así como la altura de la potencia explican la mayoría de casos de dolor cervical por hiperextensión (debido a la búsqueda de una posición aerodinámica) y que producen contracturas en la musculatura extensora del cuello, así como cefaleas (McHardy et al., 2006). Por último, diversos trabajos han señalado a la intensidad del pedaleo y a la cadencia (demasiado baja o alta) como condicionantes de lesiones patelo-femorales y de diversas estructuras tendinosas de la rodilla (Gosling et al., 2008; McHardy et al., 2006).

Según Tuite (2010), la carrera a pie se asocia con la mayoría de las lesiones de los triatletas, ya sea durante el entrenamiento o en competición, y esta lesiones son equiparables a aquellas sufridas por atletas de media-larga distancia. En este sentido, Vleck y Garbutt (1998) y Main, Landers, Grove, Dawson, y Goodman (2010) encontraron que las lesiones durante la carrera a pie correlacionaban con la distancia total de entrenamiento, el número de triatlones realizados y el número de sesiones de carrera a pie. De forma similar, Spiker et al. (2012) afirman que las causas más frecuentes de lesión durante la carrera a pie son el sobreuso, la falta de descanso y diversos factores biomecánicos. La carrera a pie genera cargas 8 veces superiores al propio peso corporal sobre las estructuras óseas y ligamentosas, haciendo de la rodilla y la cadera las zonas de lesión más comunes en triatletas (25-30% rodilla) (Spiker et al., 2012) y (5-10% cadera).

Algunas de las lesiones más importantes son la fascitis plantar, el síndrome de la cintilla iliotibial, crondomalacia rotuliana, periostitis o fracturas por estrés (McHardy et al., 2006). Autores como Spiker et al. (2012) o McHardy et al. (2006) han señalado los factores que conducen a este tipo de lesiones en la carrera a pie: pronación/supinación excesiva, tensión excesiva en el talón de Aquiles, pie cavo/plano, grado de dorsiflexión del tobillo (igual o menor a 10 grados), aumentos bruscos de volumen de entrenamiento, carrera en superficies nuevas o demasiado duras, carrera cuesta abajo, dismetría igual o mayor a 1 cm en las piernas, debilidad o inhibición del glúteo medio durante la fase de apoyo, rigidez miofascial, técnica deficiente, calzado, etc.

Destacan entre ellos el grado de dorsiflexión y el calzado deportivo, cuyo control es sencillo y su importancia en la prevención elevado. Según Lindsjö, Danckwardt-Lillieström, y Sahlstedt (1985) el nivel de dorsiflexión que podría necesitarse para la práctica deportiva de atletas y estaría entre 20-30º dorsiflexión con el fin de evitar lesiones. Por otro lado, diversas publicaciones han observado reducciones de hasta el 60% en capacidad absorción del calzado deportivo después de 800 km, por lo que se ha recomendado que el calzado debería sustituirse cada 640-940 km o cada 6 meses de utilización (Asplund y Brown, 2005).

Como apoyo a toda esta teoría, les proporcionamos una tabla práctica, con algunos ejemplos de evaluación y control de los factores expuestos anteriormente, sirviendo como continuación de la tabla presentada en el anterior blog sobre prevención de lesiones:

PRUEBA

FACTORES

ASPECTOS A EVALUAR

Cuestionario

Caídas

Habilidad + percepción de riesgo

Distancia total semanal

Volumen de entrenamiento

Nº sesiones carrera a pie

Volumen específico de carrera a pie

Calzado

Kilómetros acumulados + tipo

Lesiones previas

Nº y lugar de lesiones anteriores

Intensidad entrenamiento

Zonas de intensidad habituales

Años de experiencia

Años practicando el triatlón

Nº Competiciones

Competiciones previstas

Frecuencia de entrenamiento

Días de descanso semanal

Apoyo médico

Frecuencia de consulta a profesionales de la salud (médico, podólogo, nutricionista, fisioterapeuta)

Grabación en vídeo natación

Técnica deficiente

Rolido con angulación aproximada 160º

Análisis biomecánico y bikefitting

Set up bicicleta

Altura del sillín

Distancia sillín manillar

Altura de potencia

Angulación segmentos corporales en distintas fases del pedaleo

Posición del calapié

Análisis biomecánico y podológico

Pie

Supinación/Pronación

Pie cavo/plano

Dismetrías

Grabación en vídeo ciclismo

Técnica deficiente

Técnica de pedaleo

Aplicación de fuerza en ambas piernas

Intensidad del pedaleo

Cadencia

Grabación en vídeo carrera a pie

Técnica deficiente

Técnica de carrera (fase de vuelo, apoyo, despegue)

Tensión muscular (tensiones innecesarias)

Estabilidad del centro de gravedad,

Estabilidad cadera y horizontalidad hombros

Valoración funcional

Desequilibrio o debilidad muscular

Prueba de dorsiflexión del tobillo

Squat profundo (alineación columna vertebral)

Flexibilidad

Método de cuantificación y control de la carga

Entrenador

Análisis de la distribución de la carga previa, actual y futura

Método utilizado (adecuación o no)

Aumentos bruscos de carga

Modelos de periodización utilizados



AUTOR

Carlos Sanchis

BIBLIOGRAFÍA

Asplund, C. A., & Brown, D. L. (2005). The running shoe prescription: fit for performance. The Physician and Sportsmedicine, 33(1), 17-24. http://doi.org/10.3810/psm.2005.01.33

Bales, J., & Bales, K. (2012a). Swimming overuse injuries associated with triathlon training. Sports Medicine and Arthroscopy Review, 20(4), 196-199. http://doi.org/10.1097/JSA.0b013e318261093b

Bales, J., & Bales, K. (2012b). Training on a knife’s edge: how to balance triathlon training to prevent overuse injuries. Sports Medicine and Arthroscopy Review, 20(4), 214-216. http://doi.org/10.1097/JSA.0b013e318261ec58

Burns, J., Keenan, A.-M., & Redmond, A. C. (2003). Factors associated with triathlon-related overuse injuries. The Journal of Orthopaedic and Sports Physical Therapy, 33(4), 177-184. http://doi.org/10.2519/jospt.2003.33.4.177

Gosling, C. M., Gabbe, B. J., & Forbes, A. B. (2008). Triathlon related musculoskeletal injuries: the status of injury prevention knowledge. Journal of Science and Medicine in Sport / Sports Medicine Australia, 11(4), 396-406. http://doi.org/10.1016/j.jsams.2007.07.009

Korkia, P. K., Tunstall-Pedoe, D. S., & Maffulli, N. (1994). An epidemiological investigation of training and injury patterns in British triathletes. British Journal of Sports Medicine, 28(3), 191-196.

Lindsjö, U., Danckwardt-Lillieström, G., & Sahlstedt, B. (1985). Measurement of the motion range in the loaded ankle. Clinical Orthopaedics and Related Research, (199), 68-71.

Main, L. C., Landers, G. J., Grove, J. R., Dawson, B., & Goodman, C. (2010). Training patterns and negative health outcomes in triathlon: longitudinal observations across a full competitive season. The Journal of Sports Medicine and Physical Fitness, 50(4), 475-485.

McHardy, A., Pollard, H., & Fernandez, M. (2006). Triathlon Injuries: A review of the literature and discussion of potential injury mechanisms. Clinical Chiropractic, 9(3), 129-138. http://doi.org/10.1016/j.clch.2006.04.001

Shaw, T., Howat, P., Trainor, M., & Maycock, B. (2004). Training patterns and sports injuries in triathletes. Journal of Science and Medicine in Sport / Sports Medicine Australia, 7(4), 446-450.

Spiker, A. M., Dixit, S., & Cosgarea, A. J. (2012). Triathlon: running injuries. Sports Medicine and Arthroscopy Review, 20(4), 206-213. http://doi.org/10.1097/JSA.0b013e31825ca79f

Tuite, M. J. (2010). Imaging of triathlon injuries. Radiologic Clinics of North America, 48(6), 1125-1135. http://doi.org/10.1016/j.rcl.2010.07.008

Vleck, V. E., & Garbutt, G. (1998). Injury and training characteristics of male Elite, Development Squad, and Club triathletes. International Journal of Sports Medicine, 19(1), 38-42. http://doi.org/10.1055/s-2007-971877

Zwingenberger, S., Valladares, R. D., Walther, A., Beck, H., Stiehler, M., Kirschner, S., … Kasten, P. (2013). An epidemiological investigation of training and injury patterns in triathletes. Journal of Sports Sciences. http://doi.org/10.1080/02640414.2013.843018

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